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Silbatos latentes

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Otra semana más, aquí estamos queridos lectores de DLG para compartir con vosotros nuevas vivencias, impresiones, sensaciones y lamentos. Tenía claro lo que quería compartir con vosotros, pero a la vez me cuesta escribirlo. El ¿Por qué? Quizás que se puede interpretar como vanidad, falsa modestia, pero de veras que no van por ahí los tiros.

Deseo transmitir lo que las personas que vestimos un uniforme y nos colgamos un silbato, para intentar impartir justicia, en las canchas de basket, pensamos, sentimos, sufrimos, disfrutamos, etc. Antes de proseguir, disculpadme que pase a narrar en primera persona, pues mis sentimientos pueden diferir, no mucho y estoy seguro, de los del resto de compañeros. Gracias por entenderme. 

Por eso queridos lectores, unos padres, otros jugadores, otros entrenadores, otros árbitros, otros oficiales, otros personal del club…etc. Sería bueno y justo, digo yo, y así lo creo que “zapatero a tus zapatos”

Llego al pabellón de turno, creedme, con la misma ilusión, alegría, ganas y emoción que puedan llegar los equipos. Para éstos, es su día, su gran día. Para mí, también. Cada partido es diferente siempre, pero mi predisposición siempre es la misma. Me alegro y mucho de saludar a los entrenadores de ambos equipos, a sus jugadores, al personal del equipo arbitral…etc.

Cierto es que con todos ellos me une una gran y cordial relación, tanto dentro como fuera de la cancha. El hecho ya sólo de tener este trato tan cordial, me cargas las pilas durante todo el encuentro. Realmente soy un afortunado, creedme.

Es de agradecer y así lo hago públicamente, el trato que todos los equipos y digo todos, me dispensan. Soy un privilegiado en ese momento y en ese pabellón. No se puede pedir más dando tan poco. Sólo ofrezco mi forma de ser, de estar, de dialogar con todos, de ilusionarme y alegrarme por sus victorias, de sentir sus derrotas, en definitiva, de vivir el baloncesto.

Una vez que comienza el partido, como es obvio, no tengo más ojos que para mis compañeros los árbitros: atender sus indicaciones, sus gestos, sus notificaciones hacia la mesa en forma de lenguaje arbitral, sus interpelaciones a los entrenadores, etc. Estoy como en un cuento de hadas, pero en todo cuento……sí amigos, aparece el malo, el villano. Esta paz idílica de la que disfrutaba, se torna a veces en tensión, en situaciones y comentarios desagradables hacia mis COMPAÑEROS, los ÁRBITROS y OFICIALES.

Desde mi ignorancia me pregunto: ¿Siempre ha de ocurrir que el entrenador o ayudante de turno increpen al árbitro, cuestionen sus decisiones, quieran realizar una función distinta a la suya…etc? Si el árbitro nunca cuestiona la forma de entrenar, de llevar el equipo, de realizar cambios, de tácticas de juego, etc y los oficiales de mesa tampoco, es que me he perdido algo del cuento en el que me encontraba……

Es muy fácil, pero sobre todo muy INJUSTO, corresponsabilizar al equipo arbitral de los errores que cometen los jugadores y los entrenadores en sus planteamientos. Me vuelvo a preguntar desde mi ignorancia, que aumenta con el transcurso del partido: ¿Se vería bien, ético, legal, justo, objetivo, etc, que la situación fuese a la inversa?. No respondáis aún. Sería admisible que el Equipo Arbitral, dejase de realizar sus funciones y se pusiese a dar explicaciones técnicas y tácticas a los jugadores…Ahora responded con sinceridad: NO, NO y NO.

Cuando tienes a un entrenador detrás de ti, mirando sin parar el acta, hecho que no puede hasta los descansos ó tiempos muertos, ronroneando a cerca de decisiones puntuales de algún árbitro, solicitando tiempos muertos de forma poco ortodoxa ni en instantes oportunos, cuando no deja que los cambios los solicite el jugador, que es la única persona a quién se le pueden conceder…etc. Con todo este panorama, se rompe la baraja de juego. Se intercambian los roles y el resultado final, desastroso.

Por eso queridos lectores, unos padres, otros jugadores, otros entrenadores, otros árbitros, otros oficiales, otros personal del club…etc. Sería bueno y justo, digo yo, y así lo creo que “zapatero a tus zapatos”.

Nuestro silbato es “latente”, porque en ese pecho hay una persona. No somos robots, sentimos igual que todos vosotros, queridos lectores. Sólo quiero pediros un favor a todos: que cada uno podamos libremente desempeñar nuestra función, nuestro trabajo y nuestro cometido. A veces saldrá mejor, otras no tanto. Pero siempre tened en cuenta nuestro “Error Humano”. No juzguéis nuestras intenciones previas, que no existen. No vamos predispuestos. Sólo queremos disfrutar con todos vosotros de este gran deporte del balón naranja. Cada uno, desde la responsabilidad que nos toca, sin inferir en la labor de otros.

Gracias por entenderme; de veras que no cuestiono nunca a nadie su método de trabajo, de entrenar, de llevar un club, etc. Por eso queridos amigos, seamos “todos responsables y respetuosos” con el trabajo que cada uno desempeñamos en un partido de baloncesto.
Gracias por entenderme, no tenéis que compartir mi opinión obviamente. Pero si podéis ayudar y mucho, a que este bendito deporte sea cada vez más humano y respetado. Cada uno a lo nuestro y que lo nuestro sea por un bien común, el BALONCESTO. En nuestras manos está, en nuestra actitud, en nuestros hechos, en cada uno de nosotros. Qué así sea.

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