Inicio Fútbol 2a División B OPINIÓN: El discurso del método culturalista

OPINIÓN: El discurso del método culturalista

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  • La Cultural espera a su rival Europeo para los dieciseisavos de Copa del Rey

Allá por el siglo XVII, un filósofo francés se embarcaba en la tarea de encontrar una verdad absoluta, un punto cierto y concreto desde el que empezar a construir un conocimiento extenso, total e innegable del mundo que le rodeaba, usando para ello lo que llamó “la duda metódica”, o lo que viene siendo lo mismo, dudar de absolutamente todo.

Y eso es lo que siento cada vez que me enfrento a un partido de la Cultural, una duda profunda y total, que parte de mi mismo, de lo que creía entender que era el fútbol, en el que el equipo teóricamente superior se aprovecha de un campo amplio, de su propio campo, para generar más peligro que el rival, que debería sufrir de agorafobia futbolística al ver a los extremos correr, los medios aprovechar los espacios y los delanteros rematar. La teoría, claro, debemos desecharla, dice el ya mencionado Descartes, porque los extremos corren, sí, pero el resto se queda en la pizarra, grabado a tiza, porque los románticos del fútbol seguimos imaginando así las charlas tácticas, charlas que deberían haber cambiado el semblante del partido, cosa que no ocurrió en ningún momento.

El genio de La Haye, nos invita también a dudar de nuestros sentidos, puesto que son engañosos y nos inducen a error, lo que me hace sumirme en una profunda reflexión acerca de lo que veo sobre el verde, ¿puede que sea yo el que no ve un sistema de juego? Mis ojos lo buscan constantemente, intento descubrir si que el equipo juegue partido en dos líneas es nuestra forma de atacar, si ver a jugadores bajar a defender andando esta dentro de los planes del partido.

¿Puede que sea yo el que no oye a nadie liderar al equipo? Porque intento escuchar órdenes, ánimos, decisiones y hasta alguna que otra bronca, pero solo me encuentro con el silencio, más incómodo a cada partido que pasa. ¿Puede que sea yo, a fin de cuentas, el problema de que este equipo no logre hacerme sentir nada? Me gustaría poder salir de la apatía, levantarme del asiento, aplaudir y gritar, aplastar mi bocadillo de la tensión y liberar toda la adrenalina en un gol que llegue tras una jugada de precisión quirúrgica, de juego directo, de ofensividad pura del que se cree superior y del que se sabe victorioso.

Al final me vuelvo al coche sumido en ese mar de dudas, sin saber que pasara el siguiente partido, sin saber, ni mucho menos, que pasara al final de temporada, pese a que parecía ya escrita por el destino, ese que tantas veces nos rehuyó, como una epopeya legendaria donde lográbamos una victoria histórica después de una retirada deshonrosa.

Pero el filósofo nos recuerda que siempre se debe partir de una verdad absoluta, una verdad tan clara como son haber conseguido nueve puntos de nueve posibles, al final los números nunca mienten, o no deberían. Y sobre todo la única que se ha mantenido ahí, sostenida por miles de almas que reniegan, que gritan, que farfullan y que se enfadan. Pero que vuelven, siempre vuelven, y sin darles nada acaban el partido agitando la bufanda y recordando al enemigo que está en el Reino, y recordándose a sí mismos que esta es la Cultural que cambió la historia.

Y que volveremos

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